17/05/2017 12:23 - Internacionalización

Los estudiantes cursan en una ciudad distinta cada semestre durante cuatro años; las clases se graban y los docentes siguen un guión preestablecido; las claves de una apuesta innovadora.

Con poco más de 20 años y una mirada inquieta de la vida, Ailen Mathiess, argentina de nacimiento pero ciudadana del mundo por adopción, decidió archivar dos años y medio de la carrera de Economía en Buenos Aires, abandonar sus viajes en colectivo, los asados y facturas de los domingos, la compañía del mate con amigas y los paseos por las calles del barrio, para "resetearse" mentalmente, armar las valijas y vivir como nómade con decenas de extranjeros en la misma sintonía.

Su búsqueda, en realidad, era mucho más profunda que encerrarse en una casa de Gran Hermano itinerante o viajar en grupo por el mero desafío. Signada por el futuro y por el deseo de escapar de fórmulas probadas en educación, se topó con Minerva, la primera universidad de élite sin campus fijo, ni exámenes, clases magistrales y masivas -que hoy le hace sombra a instituciones prestigiosas como Harvard y Princeton, y que además cuesta la mitad- y no tardó en inscribirse. "Estaba acostumbrada a ir a clase, sentarme y, una semana antes del examen, ponerme a leer todo, memorizar, rendir el examen y chau. El problema es que me olvidaba todo. Ahora, en cambio, me preparo especialmente para cada clase y aprendo mucho más que antes", describe entusiasmada a LA NACION.

En qué consiste Minerva

Fundada por el empresario estadounidense Ben Nelson, en 2012, el proyecto apunta a formar a los mejores alumnos del mundo, con clases interactivas (on line y presenciales), pequeñas y personalizadas, que se dictan en San Francisco y siete ciudades distintas, entre ellas Berlín , Buenos Aires,Londres y Taipei, cada semestre, durante una cursada de cuatro años.

Minerva evoca a la diosa griega de la sabiduría y su programa rinde tributo al propósito que persigue esta institución desde sus inicios, orientada a "aprender haciendo". La licenciatura combina experiencias ricas en diferentes países y un riguroso e interdisciplinario programa de estudios, diseñado por quien fuera el ex rector de Harvard, Stephen Kosslyn, un apasionado de las pedagogías que se distancian del modelo tradicional.

"El mundo cambió mucho, y la educación debe hacerlo también, con foco en habilidades prácticas y utilizando la tecnología. Sólo así se les brinda a los estudiantes la capacidad y las herramientas para enfrentarse a este mundo interconectado", plantea Alex Aberg Cobo, director Ejecutivo de Minerva para América Latina, mientras visita la redacción con parte de la camada de alumnos.

Cómo se aprende

En Minerva, cada clase dura 90 minutos. Unos 18 estudiantes son guiados por un profesor (full-time o part-time), que debe ajustarse estrictamente a un guión o partitura después de haber atravesado un intenso proceso de selección y entrenamiento para poder conducir al grupo.

La mayoría de las lecciones y materias de las cinco escuelas ofrecidas (Artes y Humanidades, Negocios, Ciencias Naturales, Ciencias Sociales y Ciencias Computacionales) se imparten desde una plataforma digital y quedan grabadas. Esto permite que tanto alumnos como docentes puedan volver sobre sus pasos, revisar y corregir lo que haga falta, seguir adelante, y brindar un feedback mucho más responsable y honesto acerca de lo aprendido.

Por otro lado, se aplica el concepto de "aula invertida", es decir, los chicos hacen los trabajos, estudian y ejercitan antes de la clase. Durante los módulos se limitan a debatir o participan de actividades que ponen a prueba habilidades y herramientas adquiridas. "El hecho de aprender a enfrentar un problema y tener que resolverlo con la preparación que tienes antes de cada clase, y no por la mera transmisión de información o memorización, es lo que más me gusta de la propuesta", cuenta Raimundo González, oriundo de México y estudiante de Ciencias Computacionales.

El perfil de los profesores

Preparar a futuros líderes globales supone, más allá de lo expuesto, contar con docentes de alto perfil en su área de injerencia. "Todos son muy académicos, líderes en sus campos, especialmente, los rectores", comenta Aberg Cobo a LA NACION. Agrega que por ese motivo la selección es muy exigente y se vuelve difícil entrar. "De los que se presentan, "solo el 1% es contratado", gráfica.

Enseguida, redondea: "Quien enseña en Minerva tiene que tener pasión por enseñar, porque el nivel de preguntas y demanda de los alumnos es mucho más grande que en otras instituciones". Esto también, en gran medida, es lo que posibilita que no haya exámenes: "Los profesores tienen una cantidad enorme de datos de cada uno. Entonces, no hay un examen formal, pero sí muchísima información con la que evaluar la performance de cada alumno".

 

 

Fuente: https://goo.gl/tW8kNn

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